La transición del transporte tradicional hacia un transporte verde constituye un proceso de transformación sistémica fundamental para enfrentar los desafíos contemporáneos asociados al cambio climático, la contaminación ambiental, la dependencia energética y la sostenibilidad urbana. Este proceso no solo implica la sustitución tecnológica de vehículos basados en combustibles fósiles por alternativas de bajas o cero emisiones, sino también una reconfiguración profunda de los marcos institucionales, económicos, sociales y regulatorios que estructuran el sistema de transporte público. En este contexto, los autobuses de nueva energía emergen como un eje estratégico de la movilidad sostenible, al reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, optimizar la estructura energética, disminuir los costos operativos a lo largo del ciclo de vida y mejorar la calidad del servicio y la experiencia del usuario.
En América Latina, el desarrollo del transporte verde presenta un panorama heterogéneo caracterizado por la coexistencia de liderazgo y rezago. Países como Chile y Colombia destacan a nivel regional por la implementación de políticas públicas consistentes, planes urbanos de reducción de emisiones y la adopción a gran escala de autobuses eléctricos en ciudades como Santiago y Bogotá. México y Brasil, por su parte, avanzan de manera progresiva mediante la integración de energías renovables, la generación fotovoltaica y el desarrollo de modelos híbridos y de doble fuente energética. En contraste, países como Cuba enfrentan limitaciones significativas derivadas de restricciones económicas, sanciones internacionales y debilidades estructurales en infraestructura y financiamiento. A pesar de los avances demostrativos, la generalización del transporte verde en la región continúa enfrentando desafíos críticos, entre ellos la elevada inversión inicial, la insuficiencia de infraestructura de carga, la estabilidad de las redes eléctricas y la incertidumbre regulatoria.
Desde una perspectiva metodológica, la investigación se sustenta en la Metodología de la Quinta Hélice Sistémica (QHS), la cual permite analizar la transición hacia el transporte verde mediante un enfoque sectorial integral y relacional. Este marco conceptual articula la interacción dinámica entre cinco hélices fundamentales: Gobierno, Empresas, Academia, Asociaciones sectoriales e Investigadores‑Consultores, incorporando además la dimensión ambiental como eje transversal del sistema. A través del análisis sectorial basado en QHS, se identifican las relaciones de cooperación, los flujos de conocimiento, los incentivos regulatorios, las capacidades tecnológicas, las barreras institucionales y las dinámicas de mercado que condicionan la adopción y sostenibilidad del transporte verde. Este enfoque permite comprender la transición no como un fenómeno aislado o exclusivamente tecnológico, sino como un proceso sistémico en el que convergen decisiones políticas, estrategias empresariales, producción científica, mediación institucional y asesoría especializada.
Los resultados preliminares indican que la efectividad de la transición hacia el transporte verde depende en gran medida de la coherencia de las políticas públicas, la densidad y planificación de la infraestructura, la diversificación de los modelos de negocio y la articulación entre los actores del sistema. Asimismo, se observa un papel creciente de empresas automotrices internacionales, particularmente de origen chino, que han logrado posicionarse como proveedores clave de vehículos y soluciones integrales gracias a sus ventajas tecnológicas y de costos. En conjunto, el estudio concluye que la transición del transporte tradicional a transporte verde en América Latina requiere superar cuellos de botella financieros, energéticos e institucionales mediante enfoques sistémicos, cooperación intersectorial y estrategias de largo plazo orientadas al desarrollo sostenible.
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